miércoles, 18 de marzo de 2020

HIPÓCRITA-HIPOCRESÍA ( 1 )




“Hipócrita”, literalmente, es el adjetivo que se le da a aquel que actúa con “hipocresía”, sea porque “finge o aparenta sentir lo que no siente” o porque “finge ser lo que no es”.

¿Qué es la “Hipocresía”?

La “hipocresía”  es la “falsedad que demuestra una persona en sus acciones o en sus palabras”, fingiendo o pretendiendo tener las cualidades o sentimientos que, en realidad, no tiene.

La palabra “hipocresía”, como tal, literal o filológicamente, proviene del griego ὑποκρισία (hypokrisía),

La hipocresía proviene del deseo malsano o necesidad, no necesaria, de esconder nuestros sentimientos o motivaciones reales a los demás, proyectando una imagen falsa o irreal de nosotros mismos.
 Es decir que finge sentimientos o cualidades que, en realidad, contradicen lo que verdaderamente siente o piensa.

El concepto de hipocresía proviene de ese vocablo griego que hace referencia a la función de desempeñar un papel, de actuar.

En la Antigua Grecia el hipócrita era un actor teatral, sin ningún tipo de connotación negativa.
Era la “máscara” que el actor se colocaba en la cara al hablar, fingiendo la palabra de la persona representada, por lo que un “actor” podía intervenir en una obra simulando ser diversos personajes, dependiendo de la distinta máscara con la que apareciese en la palestra.

“Per-sona” es “sonar, hablar a través de la máscara”.
El personaje es lo representado, la per-sona es quien lo representa.
De ahí que un mismo actor, con sus diversas máscaras representara a diversos personajes o individuos reales..

Posteriormente, en esta misma cultura, se utilizó el término para referirse a aquéllos que «actuaban» en la vida cotidiana, es decir que fingían ser personas que no eran; significado que todavía se le da.

Cabe mencionar que en la Biblia el concepto es utilizado en repetidas ocasiones y hace referencia a alguien que se aleja de lo que Dios desea de él; es decir, que es “infiel”, cuando debería ser “fiel”

HIPOCRESÁ Y RELACIONES HUMANAS.

Al día de hoy y viviendo en un mundo donde la vida se rige con/por un conjunto de reglas y acciones  todos los individuos deben cumplirlas para moverse por la vida de forma aceptable.
Reglas que incluyen un comportamiento políticamente correcto que se encuentra delimitando lo existente entre lo permitido y lo prohibido.

Aquéllos que violan estas reglas y aseguran no hacerlo, son “hipócritas”.

La hipocresía contempla, pues, dos acciones que deben combinarse, la “simulación” y el “disimulo”.
La primera consiste en “mostrar” lo que se desea que se vea; mientras que la segunda consiste en “ocultar” aquello que no se desea que sea conocido por el entorno.

Es importante mencionar que una persona que actúa con hipocresía es aquella que, aprobando una serie de reglas y valores y acusando a aquéllos que no los cumplan, comete actos contra dicha línea de pensamiento y lo oculta.
En ese sentido, una persona que está en pareja y que considera que ambas partes tienen derecho a tener un amante, y ella lo tiene, no es hipócrita; lo sería si considerando que estuviera mal tener un amante y criticara a aquellos que lo tuvieran, pero de todas formas cometiera adulterio.

martes, 17 de marzo de 2020

LA LEYENDA NEGRA ( y 2 )



Todos sabemos que el Imperio Romano quedó dividido en dos: el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, e Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma.

Y todos sabemos, también, que con el tiempo, el Imperio Romano de Occidente quedó dividido en dos: el del Norte, con los países protestantes y el del Sur, con los países católicos.

Y todos sabemos, tras la obra de Max Weber, el nexo intrínseco que existió, desde el primer momento, entre la Ética Protestante y el Capitalismo, así como las luchas y enfrentamientos a que esta doble ideología ha conducido, empezando por las guerras de religión desencadenadas por las doctrinas de Lutero, Calvino y demás teólogos protestantes.

La supuesta espiritualidad que generosamente se les asigna no impidió a Calvino instaurar en Ginebra un régimen de terror del que sería víctima nuestro Miguel Servet.
Como tampoco impidió que Lutero exhortase, en los términos más contundentes, a los Príncipes Alemanes a que “estrangulasen” sin piedad a las masas campesinas que, en 1.521, se alzaron contra el feudalismo reinante.

¿Y qué decir de las Guerras de Religión que estallaron en Inglaterra entre protestantes y católicos y de los estragos causados por la dictadura de Cromwel?

El Protestantismo acabaría convirtiéndose en una ideología al servicio de la voluntad de poder, del individualismo exclusivista y del reino de la avaricia.
La reforma luterana fue “el triunfo de la cerrazón mental y de la estupidez”, en palabras de Tolstoy.

En cuanto al Santo Oficio, llamado a la vida por la Iglesia Católica, se olvida con frecuencia que fue un producto europeo, y no exclusivamente español, porque fue el Papa Gregorio XI quien, a requerimiento de Federico II, fundó en 1.223 la Inquisición Pontificia.

En otro lugar he expuesto los cuatro tipos de Inquisición que se establecieron en Europa:

1.- La Inquisición Medieval, en 1.184, para cortar y acabar la herejía cátara, también denominada Inquisición Episcopal pero que, ante su fracaso, se convertiría en la Inquisición Pontificia, dirigida directamente por el Papa y por los Dominicos.

2.-  La Inquisición Española, en 1.478, que dependía directamente de la Corona Española, para combatir las prácticas judaizantes de los neoconversos españoles.

3.- La Inquisición Romana, también llamada Congregación del Santo Oficio, creada en 1.542, ante la amenaza del Protestantismo, dirigida por Cardenales y Prelados, y que sería la que quemara a Giordano Bruno y condenase a Galileo.

4.- La Inquisición Portuguesa, ya que en Portugal se habían refugiado numerosos judíos españoles tras la expulsión de 1.492, en la que el rey Manuel I, presionado por sus suegros, los Reyes Católicos, decretó la expulsión de los judíos que no se convirtieran al Cristianismo.

Los crímenes de las diversas Inquisiciones fueron numerosos pero más elevado fue el número de las víctimas de la brujería surgida, no sólo, pero especialmente en los países protestantes, sobre todo en Alemania e Inglaterra.

Pero suele olvidársenos que es un producto de los países protestantes el culto moderno a la nación y cuyo origen está en la lucha de las monarquías europeas contra el Papado por su pretensión de ser amo y señor no sólo del poder espiritual, sino también del poder temporal.
Estos Príncipes, en sus territorios erigieron unos sistemas de poder no menos inflexibles y autoritarios que el que imperaba en Roma.

Fue este concepto de “soberanía nacional” lo que se transformó en una máquina de guerra contra los países vecinos y, más tarde, contra los países de Ultramar.

Si el “cesaropapismo” fue una degeneración de la doctrina de Jesús, no lo fue menos esa “libido dominandi”, esa “voluntad de poder” de los pueblos nórdicos.

Y si, a escala colectiva, el Protestantismo fomentó en alto grado el “nacionalismo”, a nivel personal condujo al advenimiento del “individualismo” y la “guerra de todos contra todos”, tan bien descrita por Hobbes en su Leviatán: “biblia de la burguesía capitalista y de la sociedad egoísta e insolidaria engendrada por ella y bautizada con el nombre de “Liberalismo”, sobre todo, y en primer lugar, en Inglaterra, una bella palabra que refleja la ideología protestante y que, muchas veces, no ha sido sino una hoja de parra para sublimar toda clase de arbitrariedades, contradicciones, guerras y bajas ambiciones, desde siempre y hasta hoy mismo.

Fue John Locke la figura emblemática de la filosofía liberal y que asume el pesimismo antropológico de Hobbes, defendiendo la propiedad privada con igual o mayor fuerza que éste, con lo que es un anticipo de la moral del “tanto tienes, tanto vales”

El concepto de “libertad”, en sus manos, es un cheque en blanco en manos de la burguesía,  para desvalijar a otros países o asaltar a los galeones españoles que regresaban del nuevo mundo con la plata y el oro que habían expropiado a los indios.

“Libertad” que se convertirá en “libertad de comercio y de los mares”, el “laissez faire, laissez passer”, que conduce, como sabemos al derecho a todo, incluso a acabar, en nombre de la libertad, con las riquezas de cualquier país.

Pero los países protestantes no sólo han engendrado este Liberalismo-Capitalismo-Imperialismo, sino también el racismo moderno.
Y decimos moderno porque antes siempre ha existido en los pueblos vencedores, incluso en la Edad Media contra las minorías hebreas.
Y, aunque, a nivel teórico, la ideología racista es obra del francés Gobineau, será en Alemania donde adquiere dimensiones terribles (junto con Rusia) pero es anterior a Hitler porque ya Lutero muestra un odio cerval a todo lo que suene a latino o a semítico.
Y sin olvidar al filósofo Fichte, en su etapa tardía, en sus alucinantes “Discursos a la nación alemana” o a Hegel con su tesis de que los germanos encarnan el cénit del “Weltgeist” o “Espíritu Universal”

Y es verdad (y así hay que reconocerlo) que los españoles, a través de los conquistadores y encomenderos, cometimos crímenes horribles en el Nuevo Mundo, pero no podemos ni debemos olvidar los que hicieron los ingleses, franceses y holandeses cuando pusieron sus pies en los países coloniales, que no fueron más humanos que nuestros antepasados.

¿Qué decir de la política de exterminio y radical apartheid de los ingleses en Norteamérica?
¿Y los holandeses en Sudáfrica y en sus dominios asiáticos?
Y no podemos, ni debemos olvidar a Francia y su Revolución de 1.789 que, en nombre de la Libertad, Igualdad y Fraternidad lo primero que hicieron funcionar fue la guillotina...
¿No terminó el Asalto a la Bastilla convirtiéndose en una máquina de terror?
¿Y no fue la culta Francia, la del progreso indefinido y la de las Luces donde surge el materialismo grosero de LaMettrie y del Barón d´Holbach?
Y más recientemente, el más de medio millón de exiliados republicanos españoles, no fueron acogidos muy humanamente por Francia, aunque se haya creído lo contrario durante tiempo.
Y ni podemos ni debemos olvidar el genocidio del sádico Leopoldo II, rey de Bélgica, en el antiguo Congo Belga.

No fue, precisamente, España la de la fetichización del materialismo, de la voluntad de poder, del utilitarismo como valor absoluto, de la “ideología del cálculo”, de la degradación de la persona a “homo oeconomicus” y a “homo consumens”, del individualismo posesivo.

Todos estos contra-valores, que han existido, en mayor o menor medida, siempre, modernamente se han apoyado en la superioridad técnica, económica y militar y sus nuevos profetas, sobre todo angloamericanos, los han convertido en ideología dominante.

Holanda, Inglaterra, Francia, más tarde Alemania y, actualmente, Estados Unidos, dominadores de la Economía, de la Técnica y del Armamento, también dominan el pensamiento y la cultura, que van imponiéndose hasta convertirse en fenómeno planetario.

Y nosotros, los españoles, desde que dejamos de ser una potencia política, aquí estamos, copiando, imitando y dejándonos influir por los nuevos dominadores.

Así que, “Leyenda Negra” sí, algo, bastante, pero la nación que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

lunes, 16 de marzo de 2020

LA LEYENDA NEGRA ( 1 )




Leía en El País del 1 de Octubre, un artículo que firmaba Isabel Ferrer, en el que, entre otras cosas, afirmaba que “Holanda quiere enterrar la Leyenda Negra española 450 años después”

Afirma la autora que “los Países Bajos y España se unen para revisar el tópico forjado tras el final de la Guerra de Flandes, “la guerra de los 80 años”, a través de una gran muestra en el Rijsmuseum de Ámsterdam.

España, con Felipe II, católico, no era un tirano invasor, sino que era el heredero de las 17 provincias, heredadas de su padre, Carlos I o Carlos V, nacido en Gante, y no fue una guerra de liberación contra España en la que Guillermo de Orange sería el heroico padre de la Patria, protestante, que luchó contra el ocupante católico.

Es la famosa Leyenda Negra, la propaganda de época del lado Holandés, cuando el 90% de los holandeses eran católicos, mientras el calvinismo fue minoritario durante siglos, pero como hacía falta un mito que justificara la protesta, España fue pintada como la opresora de las libertades políticas y religiosas.

Los alumnos holandeses siguen repitiendo el mito pero, si desaparece el mito, contando la realidad, nada queda.

Así, pues, “A los españoles se les endosa una leyenda negra, mientras los holandeses tienen su leyenda blanca, duque de Alba incluido”.

Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, duque de Alba, estuvo seis años en los Países Bajos (1567-1573) para reprimir la revuelta contra el rey Felipe II.

En el imaginario popular, el duque es el responsable de la estrategia del miedo: arrasar una ciudad para rendir a las demás.
Y aún hoy se le sigue presentando como un personaje malvado.
Dado que Holanda y Flandes tenían buenas imprentas, se conservan las imágenes de los asedios y ejecuciones de aquella época que forjaron su figura sanguinaria.

“Duérmete que, si no, viene el duque de Alba” se les decía a los niños como aquí le decíamos con el “coco”.

“Fue muy doloroso, pero pensar que pueda seguir siendo motivo de confrontación es algo totalmente anacrónico”.

Y es que los pueblos nórdicos siempre han sido muy proclives a autoglorificarse y glorificar lo suyo, considerando su concepción del mundo como la más elevada y perfecta de la historia universal deformando, al mismo tiempo, los valores intelectuales y culturales de otras civilizaciones, entre ellas la de España.

La autopropaganda de lo propio y la desinformación o manipulación de lo ajeno no son inventos de Goebbels o de la CIA (que también) sino que ha estado presente a lo largo de la historia y, así, España ha sido el blanco de la hostilidad casi general.

España es vista por nuestros enemigos exclusivamente como el país de la Inquisición y de los Autos de Fe, de conquistadores brutales y de católicos fanáticos, de reyes despóticos, como Felipe II y de gobernantes sanguinarios como el Duque de Alba.
Y, aunque algo de eso hayamos sido, ¿sólo hemos sido eso a lo largo de la historia?

¿Quién no ha oído que “África empieza en los Pirineos” –como en su día afirmara Teófilo Gautier?

El inglés Carlyle, en cambio, definía a la España del siglo XVI como “La nación indiscutiblemente más noble de Europa”

Pero voces como las de Carlyle dejarán de oírse perdidas entre el griterío ensordecedor de nuestros detractores.
Y esa Leyenda Negra elaborada y divulgada por ellos sobre nuestra historia real calará, incluso en nuestra propia cultura.
Nos la creeremos.

Y como España era un pueblo de frailes y de soldados, nada bueno, el silencio era total y el asentimiento absoluto.

Y como al silencio sigue el desinterés, y a éste el desprecio nos autoconvencemos de que lo bueno viene de fuera y nuestro destino, como españoles es aceptar el “Sancta Sanctorum” de las ideas maravillosas de los privilegiados cerebros nórdicos.
Así que “copiemos y repitamos lo que ellos nos digan”

Nos han adjudicado el papel, no sólo de “malos”, sino también de “ignorantes”

Junto al “maniqueísmo moral” existe, también, el “maniqueísmo intelectual” y los españoles somos las víctimas.

Cuando España dejó de ser una potencia de primer orden también dejó de serlo, según ellos, nuestra producción intelectual.

Y lo triste es que muchos de nuestros intelectuales lo consideran un hecho no sólo normal, sino incluso deseable.

Ignoramos, criticamos y menospreciamos nuestra Historia Intelectual y Creativa.

¿Quiénes y cuántos citan, hoy, a nuestros clásicos sino una minoría restringida de especialistas y eruditos?

Que España tiene, en su pasado, algo deleznable, es verdad, como todas las naciones, pero también tenemos cosas excelsas y de mucho valor (recordemos nuestro siglo de Oro)

Pero no. Adoramos, a priori, todo lo que nos venga de fuera, lo copiamos, lo repetimos,…

domingo, 15 de marzo de 2020

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS.


LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS.

(Artículo trasconejado (y no rematado) que me he encontrado en Documentos de hace un tiempo)

Ando, últimamente, en-redado, en-frascado, en la historia del pueblo judío en nuestra historia de España.
Y me pregunto por qué los “judíos españoles” nunca fueron considerados “españoles”, si ya estaban aquí en el emporio comercial de Tarsis y con la destrucción de Jerusalén y las persecuciones de Adriano en tierras de Palestina forzaron nuevas migraciones hebreas, comenzando los judíos a fundirse con la cultura que luego iba a denominarse “española”.

Y, casi desde sus comienzos, iban a iniciar su convivencia bajo el peso de las prohibiciones.

En el siglo IV, en el Concilio de Illíberis, se prohibió a los cristianos contraer relaciones de parentesco con los judíos.
Incluso sentarse a la mesa con ellos era costumbre condenable.

Con las invasiones de los bárbaros en Europa penetraron nuevas familias de judíos en España y, como en la Península, los que primero dominaron fueron los visigodos “arrianos”, los judíos gozaron, sin problemas, de su derecho de ciudadanía.

Pero las cosas se complicaron con la conversión de Recaredo a la religión católica.
Y, aunque fue una conversión personal, por real decreto todos sus súbditos se levantaron siendo cristianos y creyentes en Dios.

Y, aquí, ya, comenzaron los problemas serios pues en el Tercer Concilio de Toledo se prohibió el matrimonio entre cristianos y judíos prohibiendo, además, que éstos ejerzan cargos públicos, que tengan jurisdicción personal sobre los cristianos y se les ordena que se abstengan de todo proselitismo.

Los siguientes reyes godos seguían amenazándolos con la expulsión si osaban casarse con alguna cristiana por lo que muchos de ellos se convirtieron precipitadamente al cristianismo para poder casarse (no por convicción), lo que levantó las iras de San Isidoro.

Y siguieron y siguieron.

Con la invasión árabe se vieron obligados a entablar una nueva convivencia y fueron los años del gran florecimiento y del gran poderío hebraico en España y fue la época en que grandes oleadas de judíos llegaron a la Península, estableciéndose en ciudades como Córdoba, Granada, Sevilla y Toledo.
Aunque serán obligados a encerrarse en barrios y pagar tributos especiales.

Su Edad de Oro serán los siglos X y XI, a partir de la instauración del Califato de Córdoba, interviniendo en la formación de una sólida cultura española, que generaba conciencia de nación (la primera Escuela de Traductores – la de Córdoba- fue obra de judíos).

Pero en el otro bando, en el cristiano, estaba tan atareado en y con la guerra que dejaron en manos de los judíos asuntos tan importantes como las finanzas y la conducta pública.

Los judíos se fraguaban así la “imposibilidad real de su expulsión”

Pero, pasado un tiempo, llegaron los Reyes Católicos y la intransigencia y el fanatismo se instalaron con el enfrentamiento entre las dos concepciones religiosas del mundo.

Y, post, la Inquisición, que ve herejes y peligros escondidos hasta en el aire que se respira.

Y, bla…bla…bla…ya fue un sin parar (eran unos asesinos, habían matado a Jesucristo,...)

viernes, 13 de marzo de 2020

LAICISMO (5 7ESIS) F. SAVATER ( y 2 )


4.- En la escuela pública sólo resulta aceptable como enseñanza lo verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad científicamente contrastada) y lo civilmente establecido como válido para todos (los derechos fundamentales de la persona constitucionalmente protegidos), no lo inverificable que aceptan como auténtico ciertas almas piadosas.
La formación catequística de los ciudadanos no tiene por qué ser obligación de ningún Estado laico, aunque naturalmente debe respetarse el derecho de cada confesión a predicar y enseñar su doctrina a quienes lo deseen.

Eso sí, fuera del horario escolar.

5.- Se ha discutido mucho la oportunidad de incluir alguna mención en el preámbulo de la Constitución de Europa a las raíces cristianas de nuestra cultura.
Dejando de lado la evidente cuestión de que ello podría implicar la inclusión explícita de otras muchas raíces e influencias, dicha referencia plantearía interesantes paradojas.
Porque la originalidad del cristianismo ha sido precisamente dar paso al vaciamiento secular de lo sagrado, separando a Dios del César y a la fe de la legitimación estatal, es decir, ofreciendo cauce precisamente a la sociedad laica en la que hoy podemos ya vivir. 

Coda y final: el combate por la sociedad laica no pretende sólo erradicar los pujos teocráticos de algunas confesiones religiosas, sino también los sectarismos identitarios de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista.
Por lo demás, la mejor conclusión teológica o ateológica que puede orientarnos sobre estos temas se la debo a Gonzalo Suárez: “Dios no existe, pero nos sueña. El Diablo tampoco existe, pero lo soñamos nosotros” (Acción-Ficción).
* Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Versión editada del artículo del mismo nombre, publicado el 3 de abril de 2004, en el diario El País.


jueves, 12 de marzo de 2020

LAICISMO (5 TESIS) F, .SAVATER ( 1 )


LAICISMO (5 TESIS) FERNANDO SAVATER

El debate sobre la relación entre el laicismo y la sociedad democrática actual viene ya siendo vivo en los últimos tiempos y probablemente cobrará nuevo vigor.
En cuestiones como ésta, en que la ceguera pasional lleva a muchos a tomar por enemistad diabólica con Dios el veto a ciertos sacristanes, conviene clarificar los argumentos.
A ello quisieran contribuir las tesis siguientes, que no pretenden inaugurar mediterráneos, sino sólo ayudar a no meternos en los peores charcos.

1.- Durante siglos, ha sido la tradición religiosa –institucionalizada en la Iglesia oficial– la encargada de vertebrar moralmente las sociedades.
Pero las democracias modernas basan sus acuerdos axiológicos en leyes y discursos legitimadores no confesionales, es decir, discutibles y revocables.
Este marco institucional secular no excluye ni mucho menos persigue las creencias religiosas: al contrario, protege a unas frente a las otras.
En la sociedad laica, cada iglesia debe tratar a las demás como ella misma quiere ser tratada... y no como piensa que las otras se merecen.

2.- En la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse.
De modo que es necesaria una disposición secularizada y tolerante de la religión, incompatible con la visión integrista que tiende a convertir los dogmas propios en obligaciones sociales.
Lo mismo resulta válido para las demás formas de cultura comunitaria, aunque no sean estrictamente religiosas, tal como dice Tzvetan Todorov: “Pertenecer a una comunidad es, ciertamente, un derecho del individuo pero en modo alguno un deber; las comunidades son bienvenidas en el seno de la democracia, pero sólo a condición de que no engendren desigualdades e intolerancia” (Memoria del mal).

3.- Las religiones pueden decretar para orientar a sus creyentes qué conductas son pecado, pero no están facultadas para establecer qué debe o no ser considerado legalmente delito.
Y a la inversa: una conducta tipificada como delito por las leyes en la sociedad laica no puede ser justificada, ensalzada o promovida por argumentos religiosos de ningún tipo ni es atenuante para el delincuente la fe (buena o mala) que declara.
Son las religiones quienes tienen que acomodarse a las leyes, nunca al revés.


miércoles, 11 de marzo de 2020

LA CASA DE KANT ( y 2 )



Yo nada sé sobre la resistencia de materiales, y el conocimiento de ésta  es necesario, y debe ser obligatorio.

Una casa sin planos, hecha por un particular, ofrece dudas sobre su consistencia, lo que no ocurre con la casa del arquitecto.

El arquitecto sólo maneja el papel, el lápiz, la regla y la calculadora (hoy todo ello sería sustituido por el ordenador (hardware) y sus programas correspondientes (software).
Saber hacer planos es una cuestión delicada por la enorme carga de conocimientos necesario que va detrás.

El plano, naturalmente, no tiene la misma materialidad que la casa (ladrillos, cemento,…) porque, con plano en mano, la casa puede llevarse a cabo o no, y, si se lleva a cabo, el mismo plano puede volver a usarse con otros materiales y generar casas similares.

Las obras no las hace el arquitecto, cuya competencia no es tocar el material, sino de quien está en contacto tanto con el arquitecto como con el albañil, que es el que maneja los materiales.
Estamos refiriéndonos al “aparejador”, al “maestro de obras”, al “jefe de construcción”, que es el intermediario entre arquitecto y materiales...

El aparejador no sigue su iniciativa sino que es un mandado que maneja directamente a los albañiles para conformar el material bruto a los planos geométricos del papel, en forma de plano, plasmado por el arquitecto.

El aparejador, sin ser arquitecto, entiende de planos y puede entender los designios del arquitecto, porque tiene una formación previa que lo ha puesto en contacto de antemano con las tareas posibles.

Es, a través, del aparejador, como el arquitecto actúa con los materiales.

El suministrador de los materiales (maneja el espacio-tiempo: formas a priori de la Sensibilidad), el aparejador (maneja las 12 categorías o formas a priori del Entendimiento) y el Arquitecto es el que, desde su Inteligencia, proyecta la obra que el aparejador la dirige y los albañiles la ejecutan)

Quien recuerde la teoría del conocimiento de Kant recordará las Formas a Priori de la Sensibilidad (Espacio y Tiempo), las Formas a Priori del Entendimiento (las 12 categorías en tríadas (Cantidad, Cualidad, Relación y Modalidad) que señalan los límites del Conocimiento, por lo que las Ideas Trascendentales de la Metafísica están más allá del ámbito del conocimiento.

Dios y demás tendrán que ser “postulados de la Razón Práctica” porque la Razón Teórica o Pura nada puede decir sobre todo ello, ni afirmarlo ni negarlo.