viernes, 7 de marzo de 2014

7.- 21- ORTEGA Y LA DESHUMANIZACIÓN DEL ARTE.


 
(Un recordatorio)

José Ortega y Gasset nació en Madrid (1883) en una familia acomodada de periodistas, escritores y políticos. Tras licenciarse en Filosofía -campo en el que se le cita más-, amplía estudios en Alemania.

En 1910 obtiene la cátedra de Metafísica en la Universidad de Madrid. En 1913 fundó la "Liga para la Educación Política Española"; en 1915, la revista “España” y, en 1923, la fundamental “Revista de Occidente”, en la que hallarían cabida las nuevas corrientes europeas y españolas de todos los campos del pensamiento y de la creación.

Durante toda su vida, Ortega y Gasset desarrolló una intensa actividad como escritor y conferenciante.

Apoyó a la República, pero luego se sintió decepcionado; por ello, al principio de nuestra guerra se exilió; regresó en 1945, pero se le negó el reingreso en su cátedra.

Ortega continuó su labor magistral en el Instituto de Humanidades fundado por él en Madrid.

Murió en Madrid en 1956.

Ortega y Gasset es, sin duda, una de las máximas figuras de la filosofía española del siglo XX y un espectador agudo de la vida, las artes y la cultura.

Literariamente, nos interesa por su estilo claro, elegante, en el que las metáforas y los símiles son manejados magistralmente para hacer plástica la idea.

Por ello ocupa un lugar eminente entre los prosistas y pensadores españoles.

Destaquemos que su pensamiento fundamental es considerar “la vida” como la realidad primera y primordial y que de ella dependen todas las demás realidades. Por ello el método adecuado para el conocimiento de la realidad no es “el racionalismo” (a través de la razón pura, ajena a los sentidos) ni “el vitalismo” y se sitúa en una encrucijada entre ambos: “el raciovitalismo”; una razón que integre en sí misma la vida y la historia: Razón Vital y Razón Histórica.

Aunque  él nunca se sintió cómodo con la etiqueta de “raciovitalismo”.

Pretendía superar las antiguas dualidades acerca del conocimiento de la realidad: realismo-idealismo y racionalismo-empirismo.

Lo que los filósofos griegos y medievales llamaron “ser” y el racionalismo “sustancia” Ortega lo denomina “vida”, la “realidad radical, en la que radican todas las demás realidades, la realidad primera y primaria” y cuyas categorías son:

a.- Libertad, posibilidad y proyecto (la vida es “futuro”).

b.- Circunstancia (la vida es “presente”).

c.- Experiencia de vida (la vida es “pasado”)

De ahí el Perspectivismo como forma de conocer la realidad, porque la perspectiva es uno de los componentes de la realidad. Ésta nunca se nos da igual, de la misma manera, sino en perspectiva.

No solo lo es el conocimiento, también la realidad es y se nos da en perspectiva.

De ahí, también, que todas las perspectivas sean válidas (necesidad de la “tolerancia”), lo que no obsta para que no todas sean igual de válidas, tengan el mismo valor.

Hay perspectivas privilegiadas, ricas, y hay perspectivas pobres.

En sus obras llama la atención su preocupación por España: en este campo destaca su europeísmo (al revés que Unamuno) y su denuncia del aislamiento de nuestro país.

Ortega quiere “europeizar España”, mientras Unamuno aspira a “españolizar Europa”.

“España es el problema, Europa es la solución”.

Entre sus obras, podemos citar España invertebrada (1921), El tema de nuestro tiempo (1923), La deshumanización del arte (1925), Ideas sobre la novela (1925), La idea de principio en Leibnitz (póstuma, 1958), El espectador (8 volúmenes, 1916-1934), Meditaciones del Quijote (1914), La rebelión de las masas (1930), En torno a Galileo (1933), Estudios sobre el amor (1941), Papeles sobre Velázquez y Goya (1950), etc.

Algunos de estos títulos revelan ya su atención e interés por los temas artísticos y literarios.

Las ideas estéticas de Ortega y Gasset:

Fue decisiva la repercusión que tuvieron, en los ambientes artísticos y literarios del momento, las ideas expuestas por Ortega en diversos ensayos y, en particular, en los dos títulos de 1925 que hemos destacado.

La deshumanización del arte es un análisis -o "diagnóstico"- del Vanguardismo-Novecentismo. El ensayo de Ortega, descriptivo en un principio, se convirtió enseguida en codificación prescriptiva de la producción vanguardista.

Comienza Ortega señalando el carácter "minoritario" y "antipopular" del arte nuevo, que "divide al público en estas dos clases: los que lo entienden y los que no lo entienden"(división paralela a la de "hombres egregios" y "hombres vulgares").

Y tras ello, estudia sus principales rasgos, que resumimos a continuación:

La deshumanización del Arte pretende realizar una descripción fenomenológica de la Vanguardia en España.

“El arte moderno -nos dice- no sólo es impopular, sino que es también antipopular; siempre tendrá a las masas en contra".

El arte moderno divide a los receptores en minoría-élite, capaz de entenderlo y gustarlo, y mayoría. incapacitada.

Esta mayoría aboga por el arte del siglo XIX, arte puramente referencial.

La minoría, por contra, encuentra el arte anterior demasiado humano; se le debe despojar de su humanidad.

Ortega llama la atención sobre nuestro "asco a lo humano en el arte", como en las figuras de cera.

Lo que intenta el arte moderno es colocar al arte en el lugar que le corresponde, no ya por encima de la vida, sino subordinado a ella.

Así, la vida deja de vivirse como algo subordinado a otra cosa, ya sea el arte, la ciencia o el estado.

-         "Es un arte puro". Si la tradición decimonónica valoraba el arte por lo que tuviera de "humano" o de "real", ahora se nos invita a valorar las puras calidades formales.

-         El arte moderno es un arte "deshumanizado", mientras el arte tradicional era "humanitario".

El arte moderno, entonces, para Ortega tiende a la purificación, eliminando progresivamente los elementos demasiado humanos de la tradición romántica, del positivismo y la estética realista y naturalista.

Para ese proceso de deshumanización, y camino a la vez hacia la pureza, el artista tiene en su mano el arma de la metáfora que es siempre una desrealización.

El arte ahora se aleja de la realidad, se retrae sobre sí mismo; la primera consecuencia que esto trae es la pérdida de patetismo.

Se trata de espiritualizar y desrealizar el arte, de buscar lo que hay detrás de la apariencia sensible de las cosas (simbolismo).

Frente a reproducción, creación; frente a la cosa, la idea.


Ortega nos lo dice palmariamente:

"El expresionismo, el cubismo, etc., han sido, en varia medida, intentos de verificar esta resolución en la dirección radical del arte. De pintar las cosas se ha pasado a pintar las ideas: el artista se ha cegado para el mundo exterior y ha vuelto la pupila hacia los paisajes internos y subjetivos".

Ortega señala también que "para el hombre de la generación novísima, el arte es una cosa sin trascendencia”.

El arte nuevo, pues, salvaría al hombre,  porque le salva de la seriedad de la vida y suscita en él inesperada puericia".

La deshumanización del arte considera, pues, un arte puro, separado de los problemas cotidianos, un arte-juego opuesto a un mundo viejo.


De ahí que se tienda a la "deshumanización", hacia un relegar las emociones humanas en pro de la pura emoción estética.

Ortega lo señala claramente: "El llanto y la risa son, estéticamente, fraudes".

A Ortega le interesa mucho distinguir los goces o emociones "humanas", del goce "artístico" puro, que sería el goce de las formas por sí mismas (y no por sus contenidos).

Así como durante el siglo XIX, el arte -romántico o realista- apuntaba a "lo humano", ahora, en cambio, se aprecian tendencias hacia un arte "puro", que sólo apunta a metas estéticas.

Es, entonces, "un arte intelectual", ya que no se funda en el contagio emocional.

En palabras de Ortega: "El arte ha de ser todo plena claridad, mediodía de intelección... El placer estético tiene que ser un placer inteligente”.

Porque “entre los placeres los hay ciegos y perspicaces".

Para Ortega el placer estético es de índole intelectual y "distante".

Junto al intelectualismo, la dificultad, la metáfora.

Para Ortega la metáfora es como "el más radical instrumento de deshumanización", pues su uso incorpora una presencia eminentemente artificial e imaginaria, y además altera la forma en que la obra de arte es contemplada.

"La poesía", por ejemplo, será "antirromántica".

El poeta romántico quería ser, ante todo, un hombre; para Ortega, sin embargo, "vida es una cosa, la poesía es otra... No las mezclemos. El poeta empieza donde el hombre acaba"; su quehacer es la pura creación verbal: "La poesía es hoy el álgebra superior de las metáforas."

A partir de los postulados orteguianos se plantea como valor positivo una radical separación de "vida y literatura", desterrando del arte toda preocupación extrapoética.

Ortega ve, a su vez, en los jóvenes un anhelo "claro, coherente y racional" de renovación. Y juzga estéril apegarse a formas viejas, ya pasadas.

En fin, el arte tiende a convertirse en juego, lejos de todo patetismo: "ser artista es no tomar en serio al hombre tan serio que somos cuando no somos artistas".

De ahí que, frente a la anterior deificación del arte, se proclame su "intrascendencia".

Será esencial al arte joven la ironía y hasta un "pirueteo" vecino a lo deportivo.

Las pautas de Ortega, en su conjunto, apuntan esencialmente a lo que él denominó "deshumanización".

A lo largo de su ensayo se desgranan muchos puntos ligados a la literatura novecentista por lo minoritario, lo puro, lo intelectual, lo antirromántico, la claridad...

En realidad, Ortega sólo se había propuesto hacer un "diagnóstico" sobre el arte nuevo, pero su obra se convirtió en guía y acicate para muchos literatos del momento.

José Ortega y Gasset, en efecto, tuvo una influencia ideológica y teórica, y esta obra, La deshumanización del arte, estableció las características del nuevo arte, de las nuevas orientaciones estéticas: deshumanización y autonomía de la obra artística, que la obra de arte no sea sino obra de arte, evitar las formas vivas, arte de minorías, intranscendencia, subjetivismo, considerar el arte como juego, ironía, predominio de la metáfora, intelectualismo, lirismo, impresionismo...

Ideas sobre la novela, el otro ensayo orteguiano de 1925, supone un análisis semejante, aplicado al género narrativo.

En este ensayo Ortega afirma el agotamiento del género o, al menos, que está en su período último y padece gran penuria de temas. Por ello, "el escritor necesita compensarla con la exquisita calidad de los demás ingredientes necesarios".

Ortega cree que la novela pasó de ser descriptiva a ser presentativa, porque el lector ha dejado de gustar de la trama para preferir el juicio.

Ortega define esa novela moderna como un género moroso que describe más la atmósfera que la acción:

"La esencia de lo novelesco [...] no está en lo que pasa, sino precisamente en lo que no es "pasar algo", en el puro vivir, en el ser y en el estar de los personajes, sobre todo en su conjunto o ambiente".

La novela, en resumen -dice Ortega-, se agota por dos razones:

a- la dificultad de hallar temas nuevos;
b- las crecientes exigencias estéticas de los lectores selectos.

El relato realista ya no atrae a estos lectores selectos.

Así, el argumento "humano" y el reflejo de realidades sociales deben ceder el paso a lo imaginativo o a lo intelectual, y a los primores de la estructura o del estilo.

Se llegaría así a una novela "deshumanizada", en que la acción sería un puro "soporte mecánico" de otros elementos más aptos, según Ortega, para proporcionar el goce artístico "puro".

Sin duda el fondo o la materia de que está hecha una novela no es cosa baladí o secundaria. Pero "la materia -dice Ortega- no salva nunca a una obra de arte, como el oro de que está hecha no consagra a la estatua".

"La obra de arte -sigue escribiendo Ortega- vive más de su forma que de su material y debe la gracia esencial que de ella emana a su estructura, a su organismo".

También las ideas recogidas por Ortega en su ensayo Ideas sobre la novela ejercieron una perceptible influencia en toda la narrativa de la época

 

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