martes, 25 de enero de 2011

NORTE, SUR, ORIENTE Y OCCIDENTE.

Naturalmente nosotros, ombligófilos, apostamos por el Norte y por Occidente, porque es el nuestro, que es el mejor del mundo mundial

Pero del Sur procedemos. África tiene nuestra fe de nacimiento. Allí surgió la Humanidad. No en el Norte.

Y de Oriente nos vino casi todo. Hasta los Reyes Magos eran de Oriente. Nuestros Reyes eran vastos y vulgares, sin imaginación, lo contrario de los Reyes Magos, que son capaces de entrar, una vez al año, en los cuartos de los niños, por las chimeneas o por las ventanas, “sin romper ni manchar los cristales” y que se beben la leche y se comen las galletas, dejando, a cambio, juguetes, (chantajes paternos durante todo el año y para el año siguiente, por y para el buen comportamiento).

De Oriente nos vino todo lo habido y por haber y, sólo después, sobre ello, pudo construirse el mundo occidental.

Cuando Europa estaba cubierta de sombras prehistóricas, los Imperios Orientales, marítimos o fluviales, ya estaban en las cimas de la civilización.

De China, desde el (3.000 a. C.), nos vino el algodón, la seda, el compás, la tinta (china), la escritura, la agricultura (con canales para la agricultura y la navegación), la construcción, la pólvora, la imprenta, el papel (de arroz, de algodón y de trapo), la porcelana (china), hasta la religión de Lao-Tse y de Confucio.

De Japón nos llegarían los rituales, el sentimiento del honor de los samurais, el respeto a las jerarquías, la vida ordenada.

De la India, la cultura y comportamiento de las castas sociales, los Vedas, los Brahmanes y Buda, el violín y el ajedrez (plasmación de estrategias guerreras para acabar (comerse) con el Rey, el cultivo de la astronomía, tomada de babilonios y fenicios, pero que ellos van a ser los transmisores de la misma a los árabes, junto al Álgebra y el 0 (que, siendo nada, es tan necesario para operar) y que, luego, ellos nos las transmitirán a Occidente. Las Stupas, las Pagodas, las esculturas del barrigón Buda sentado, con la flor del loto. La mística y la meditación trascendental.

De Egipto nos vino la majestuosidad arquitectónica, escultórica y pictórica; el papel (procedente del papiro), las ciencias prácticas (la Agrimensura-Geometría aplicada), la Astronomía, que engendraría el calendario, que luego influiría en el juliano y éste en el gregoriano. La Geometría teórica y la Aritmética (usando, ya, la numeración decimal). Alejandría, con su biblioteca, su museo, su pléyade de científicos…)

De Asiria y Caldea, sus templos y palacios, su original escritura cuneiforme, el primer código escrito, el de Hammurabi, los ladrillos, el urbanismo de Babilonia y sus jardines colgantes.

Los palacios y tumbas Persas, con sus relieves, su escultura decorativa; el maniqueísmo.

Los Imperios, como las personas, nacen, crecen, llegan a la cima, se reproducen y mueren, dando paso a otros imperios.

De los Hebreos nos perdura el monoteísmo y la revelación bíblica, el día de descanso consagrado a Dios.

De Fenicios y sus colonias, el mercado como fuente de riqueza, la púrpura y el vidrio, la salazón de pescado, el alfabeto (una escritura resumida en la combinación de unas cuantas vocales y algunas más consonantes, no significativas que, tras su combinación, al formar palabras ya se hacen significativas).

Todo empezó por el Este y fue desplazándose hacia el Oeste, como la salida del sol, como la rotación de la tierra.

De los Árabes, las especias, la transmisión de las ciencias orientales, vocabulario variado, técnicas de regadío y agricultura horto-fructífera, la repostería.

De Griegos, Romanos y Cristianismo ¿Qué decir, si son la sangre que, aún hoy, corre por nuestras venas?.

Es verdad que Occidente ha construido un enorme y magnífico edificio científico-tecnológico (¡qué lástima que no haya sido ni sea, al mismo tiempo, también ético y moral¡), pero los cimientos de este edificio nos lo han ido construyendo, históricamente, las civilizaciones de Oriente.

Y esta Europa, Occidente del Oriente histórico, ha pasado a ser el Oriente del nuevo Occidente, Estados Unidos, Canadá, las economías sudamericanas emergentes.
Y sigue la civilización, como el sol, desde el Este, hasta el Occidente, y ahí está Japón, el Imperio del Sol naciente, de nuevo, con dominio absoluto en todo lo que tenga que ver con la tecnología de la vista, el oído y la velocidad. Riqueza tecnológica en expansión.
Y ahí está China, de nuevo, con la enormidad múltiple, demográfica y económica, cuyo jefe acaba de hacernos una visita y, sin decir “buenos días”, nos compra deuda.

Europa, a la defensiva, se ha unido (“Europa unida, jamás será vencida”) pero está siendo invadida, económicamente, por “tiendas de todo a 100”, tanto de chinos (Oriente), como de moros (Sur), y demográficamente por toda la mano de obra barata africana que, más que “venir a”, vienen “huyendo de” la pobreza y el hambre.
Vienen a trabajar para vivir, pero a su manera, con su moral y su religión a cuestas, y las consecuencias que están causando, con la no distinción entre ley positiva y ley divina, subordinando cualquier Constitución civil a su libro revelado.

Invasión pacífica, económica y social, de mercancías baratas y de mano de obra poco exigente, como queriendo cobrar, con intereses, los favores hechos a lo largo de la historia.
Y, además, quieren, incluso, hacernos volver a la Edad Media, con el poder religioso metiéndose en todo, hasta en la vida, con los nuevos sacerdotes, con el teocentrismo que, ya, nosotros habíamos superado con el Renacimiento y la Ilustración.

¡Que todos los dioses nos pillen confesados¡.

¡Palabra de agnóstico¡

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